
Los profesionales de la salud están de acuerdo en que la leche materna representa la forma más completa de nutrición para los lactantes, incluidos los bebés prematuros y los recién nacidos enfermos. Sin embargo, existen muy pocas excepciones en que no se recomienda la leche materna. En ciertas circunstancias, el médico deberá decidir, caso por caso, si la exposición ambiental de la madre o su propia condición médica justifican interrumpir o detener la lactancia.
La lactancia no es aconsejable si la madre o el bebé padecen de una o más de las siguientes condiciones:
Si fuma tabaco, lo mejor para usted y para su bebé es que intente dejar de fumar tan pronto como sea posible. Si no puede dejar de fumar, la lactancia continúa siendo la mejor opción, ya que su bebé tiene un riesgo mayor de tener problemas respiratorios y síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL). La lactancia disminuye el riesgo de que su bebé presente estos problemas de salud. Asegúrese de fumar lejos de su bebé y de cambiarse de ropa para mantener a su bebé alejado de las sustancias químicas del humo en su ropa.
También debe evitar consumir alcohol, especialmente grandes cantidades de alcohol. Una bebida alcohólica ocasional está bien, pero evite amamantar durante dos horas después de beber. Asimismo, muchos bebés encuentran desagradable el sabor de la leche materna después de que la madre ha bebido alcohol, y se alimentarán más cuando ya no haya alcohol en el organismo.
Algunas mujeres creen que cuando están enfermas no deben amamantar. No obstante, la mayoría de las enfermedades comunes, como los resfriados, la gripe o la diarrea, no pueden transmitirse a través de la leche materna. De hecho, si está enferma, su leche contendrá anticuerpos. Estos anticuerpos ayudarán a proteger a su bebé de contraer la misma enfermedad.
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